¿More taxes?

Read the following blog opinion written by Diego Galante.

 

Ha renacido la idea, comunicada directamente por jerarcas del Gobierno, de buscar un nuevo incremento en las tasas de los impuestos directos que pagan los contribuyentes. Nos referimos a un posible aumento del IRPF o quizá en algunos otros impuestos directos (IRAE, Impuesto al Patrimonio, IASS).

El motivo invocado sería la necesidad de seguir adelante con más redistribución hacia sectores vulnerables de la sociedad, pero se sabe también que en realidad hay problemas en la cobertura del  presupuesto público (reclamos de la educación y de la salud, incremento del déficit fiscal, enlentecimiento de la recaudación por menor actividad, etc.). La coyuntura de mínima demanda 50 millones de dólares que la caja del Estado deberá devolver por el FONASA este año.

Sin embargo, subir los impuestos directos para cubrir un déficit de caja coyuntural es incorrecto; y lo sería también para seguir creciendo en un presupuesto por encima de las posibilidades del país, sin que se priorice el gasto social y las inversiones productivas por sobre los demás gastos.

Es evidente que los ciudadanos no pueden asumir mayores cargas tributarias.  Primero porque no genera equidad con los ciudadanos en el esfuerzo que se les pide: el Estado gasta mal y más de lo debido, no ajusta su estructura ni alivia los costos a los ciudadanos. Era una premisa de los gobernantes modificar sustancialmente la realidad de la administración pública, lo que está pendiente.

Segundo, porque el aporte de los contribuyentes cae prácticamente sobre toda manifestación de sus ingresos sin excepciones, y no solo en el ingreso clásico de los salarios. Hoy se puede llegar a pagar impuestos por la venta de un automóvil usado de muchos años de antigüedad, por la venta de una vivienda, o porque alguien recibe en el Banco un interés de los ahorros personales, solo por citar algunos ejemplos.

Tercero, porque las tasas que ya pagan por el IRPF los rentistas, trabajadores, profesionales y pasivos (en su versión llamada IASS), llegan a un final del 30% de los ingresos.  Una tasa similar a las de los países desarrollados y a varios países de la región. Brasil por ejemplo está en un 27,5% y Estados Unidos justamente en un 30%. En casi todos estos países se permiten deducir los gastos personales de los contribuyentes (vivienda, ropa, comida, alquileres, colegios, salud, seguridad, etc.), deducciones que en Uruguay son mínimas o inexistentes.

Por último, cualquier recaudación más o menos importante para el Estado va a tener que afectar a la gran mayoría de los contribuyentes, no sólo a los de mayores ingresos. De otra forma lo recuadado no alcanzaría. Para tener una idea, sólo algo más de 2000 personas son las que ganan en Uruguay más de $ 300.000 mensualizados; los demás corren por debajo.

Pero el incremento de impuestos tiene un umbral, un límite no escrito pero necesario para dejar que en la sociedad actúen emprendedores que impulsen las empresas, el empleo y la mejora económica. Aplicar impuestos progresivos duros llevará a desestimular a quienes producen ingresos interesantes para la sociedad y que los precisamos para seguir sosteniendo el crecimiento, las oportunidades para los menos favorecidos y la equidad.

Se cree muchas veces que la premisa correcta de que “quien gane más que contribuya más” justifica imposiciones fuertes, pero hay que tener en cuenta que existe ese límite que mencionamos y que al pasarse produce el efecto contrario: menor recaudación, menor actividad y menor empleo. No es una cuestión individual de cada uno, sino la estructura que deseamos como sociedad. Si no, ¿alguien podría entender  la razón de que Estados Unidos tenga un máximo de 30% de impuesto a la renta de sus ciudadanos, pudiendo aplicar escalas más severas ?

En estos días el problema del contribuyente uruguayo no es que paga poco ni que haya alta evasión en los pagos (como lo reconoce el propio Director de Rentas), sino tener que sostener la baja calidad de los servicios públicos, el alto costo de las estructuras públicas y un bajo beneficio de las transferencias que se hacen para políticas sociales que son imprescindibles si queremos crecer como sociedad.

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