Aranceles: de recaudar fondos a la geopolítica

Los aranceles -los impuestos que los gobiernos aplican a las importaciones-, tienen una historia rica y compleja que refleja las prioridades cambiantes de las sociedades. Han pasado por tres grandes etapas: primero como herramientas recaudatorias, luego como escudos proteccionistas para economías internas y, finalmente, como instrumentos de política internacional para premiar aliados o castigar rivales. Sin embargo, estas etapas no son estrictamente lineales, y los aranceles suelen cumplir varios roles a la vez. En esta nota, exploramos su evolución, con un enfoque especial en el Mercosur y Uruguay. Queremos dar los contextos para entender la guerra comercial desatada por la Administración Trump utilizando la política arancelaria para una diversidad de objetivos.

El inicio: recaudar para sobrevivir

Todo comenzó con la necesidad de financiar estados. En la antigüedad, civilizaciones como Mesopotamia o Egipto cobraban tributos por mercancías que cruzaban sus territorios o llegaban por el Nilo, como incienso o maderas exóticas. En Roma, los portoria gravaban bienes en puertos y fronteras para sostener el imperio. En la Edad Media, los señores feudales imponían peajes en ríos y caminos, mientras monarquías como la inglesa, bajo Enrique II (siglo XII), formalizaban tasas sobre la lana exportada.

Un ejemplo es el pentekoste griego del siglo V a.C., un 2% sobre importaciones y exportaciones en Atenas para mantener su flota naval. Aquí, los aranceles eran prácticos: el comercio era visible y fácil de gravar. Pero ya había matices: los califatos medievales cobraban menos a comerciantes musulmanes que a extranjeros, mostrando un trasfondo político.

La evolución: proteger lo nuestro

Con el mercantilismo (siglos XVI-XVIII), los aranceles se volvieron estratégicos. Ya no solo recaudaban, sino que protegían industrias locales. Inglaterra, con las Navigation Acts de 1651, gravó bienes coloniales en barcos extranjeros para beneficiar a la metrópoli y debilitar a Holanda. En Francia, Jean-Baptiste Colbert usó aranceles altos para impulsar manufacturas bajo Luis XIV.

En el siglo XIX, Estados Unidos aplicó la Tariff Act de 1789 para proteger su industria textil y del acero mientras financiaba al gobierno. En América Latina, países como Argentina usaron aranceles para favorecer sectores agrícolas frente a competidores externos. Aquí, el proteccionismo se consolidó, aunque en economías menos industrializadas, la recaudación seguía siendo clave.

La situación actual: premios y castigos globales, con todo lo anterior

En el siglo XX, los aranceles se transformaron en armas diplomáticas. La Smoot-Hawley Tariff Act de 1930 en EE.UU. subió tasas para proteger productores locales, pero desencadenó represalias que agravaron la Gran Depresión. Hoy, los aranceles de Trump a China (2018-2019) gravan electrónicos para presionar comercialmente, mientras se mantienen exenciones a aliados como Canadá. En abril de 2025, EE.UU. impuso un arancel extra del 10% a bienes del Mercosur y de una multiplicidad de países, afectando exportaciones uruguayas como carne y celulosa.

La Unión Europea también venía aplicando una política anterior a la guerra arancelaria de Trump, aplicando aranceles bajos a socios comerciales y más altos a competidores como China en el acero. Incluso en el pasado, España gravaba importaciones en el siglo XVI para controlar colonias y limitar otras potencias.

El Mercosur y su Arancel Externo Común. Uruguay

El Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) estableció el Arancel Externo Común (AEC) en 1994 para unificar políticas comerciales frente a terceros países. Su promedio ronda el 11.5-13%, muy por encima del 4-5% global, con tasas que alcanzan el 35% en sectores como autos, textiles y calzados. Por ejemplo, un vehículo fabricado fuera del bloque (salvo México, con acuerdo especial) paga 35%, mientras entre miembros es 0%.

Sin embargo, el AEC no es absoluto. Cada país tiene excepciones: Argentina aplica un promedio del 22% a bienes de EE.UU. desde 2019, usando listas nacionales o medidas temporales. En 2022, el Mercosur redujo el AEC un 10% en 6.886 códigos (66% del universo arancelario), bajando el promedio de 8.5% a 7.1%, y elevó los ítems con 0% de 746 a 2.869. Brasil, en 2021, cortó otro 10% temporalmente en bienes como frijoles y materiales de construcción, para flexibilizar la oferta interna.

Uruguay, como miembro del Mercosur, aplica el AEC, pero ajusta su Tasa Global Arancelaria (TGA). En importaciones, la TGA extrazona (fuera del Mercosur) promedia 10-15%, con máximos del 20-35% en textiles o electrónica, más una tasa consular del 3-5% según el origen. Sin embargo, acuerdos comerciales (como con la UE o Chile) y contingentes reducen estas tasas para socios. Por ejemplo, la celulosa entra a la UE con 0% gracias a preferencias.

En exportaciones, Uruguay no grava sus ventas al exterior, pero sus productos pagan aranceles en destinos. Debido a que la red de acuerdos comerciales de liberalización de aranceles o preferencias son casi inexistentes, el país recibe castigos impositivos apara los bienes y servicios exportados en casi todo el mundo. Recordemos que Uruguay solo mantiene un tratado de libre comercio con México, algunos acuerdos de complementación económica en el marco de ALADI y ciertos acuerdos dentro del Mercosur. En 2023, el país abonó aranceles por US$ 387 millones, con China liderando (US$ 165 millones, 42% del total) por carne y soja, a un promedio del 12%. En la UE, pagó US$ 64 millones (13%), con carne bajo cuotas como la Hilton (20% hasta 5.600 toneladas). El arancel extra de Trump en 2025 suma un 10% a bienes uruguayos en EE.UU., afectando especialmente al sector agropecuario. De acuerdo con estudios del Instituto Uruguay XXI, en promedio Uruguay pagaba en el orden del 6% para exportaciones a EE.UU.

Para terminar: una opinión

Creemos que esta guerra comercial montada sobre barreras arancelarias, con mayores niveles de impuestos y discriminación por factores no estrictamente comerciales o productivos, llevará a una adecuación en el intercambio del mundo como se hace actualmente y fue diseñado en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a partir de la Ronda Uruguay del GATT (1986-1994). La Ronda Uruguay buscó crear un mundo comercial basado en reglas multilaterales, reducción de aranceles, no discriminación (principio de nación más favorecida) y apertura de mercados, con el objetivo de fomentar el libre comercio y la cooperación internacional.

La política arancelaria de Trump en 2025 toma como principio aplicar directamente represalias o contramedidas arancelarias, saltando al Órgano de Solución de Controversias de la OMC. Una decisión unilateral que cuestiona la eficiencia de la OMC para impedir que se produzcan asimetrías entre los países que se va profundizando con los años. Por ejemplo, India grava los productos agrícolas con tasas que superan el 40% mientras que en EE.UU no superan el 5%. También pone en cuestión, además del multilateralismo, los principios de la nación más favorecida, que suponía un espiral descendente de tarifas y gravámenes que no se ha cumplido. Por último, parece evidente que la liberalización comercial tenía excepciones de seguridad nacional (Artículo XXI del GATT) en casos extremos, pero Trump amplió esta excepción con Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) para justificar aranceles masivos, como a Canadá y México en marzo de 2025 por fentanilo e inmigración, o el 10% global por déficits comerciales.

Las distorsiones arancelarias recientes no solo revelan disputas económicas, sino que debemos comprenderlas dentro del cuestionamiento del gobierno de Trump a varias instituciones del mundo moderno como la OTAN, los organismos de cooperación internacional (ONU; OMS; CPI; etc) y los organismos financieros (FMI, BM), entre otros.

Al final de la historia será una manera de renegociar términos de intercambio, no ya como se venía haciendo con negociaciones recíprocas y acuerdos comerciales, sino por soluciones negociadas bilaterales o por imposiciones forzadas del país más fuerte. Es cierto que pone en entredicho el rol y el sistema de la OMC, pero sobre todo incorpora definitivamente dentro del arsenal geopolítico de las potencias una nueva herramienta histórica, que se reivindica ahora fuera del multilateralismo y con objetivos muy diversos.

(Aclaración: esta nota incluye cierta información obtenida de inteligencia artificial de Grok. Las opiniones son estrictamente personales del autor y no representan o involucran ninguna institución.)